AVANCES TECNOLÓGICOS EN EL TRANSPORTE DE ÓRGANOS

TB-1: La máquina que jubilará las neveras de picnic en el transporte de órganos

Hasta ahora las neveras de picnic con las que se trasportaban los órganos durante un trasplante han sido uno de los pocos elementos del mundo médico que se mantenía inalterable.

La compañía barcelonesa Transplant Biomedicals ha desarrollado un dispositivo que permite mejorar la preservación de los órganos durante los trasplantes, duplica su supervivencia tras la operación y reduce cuatro veces los daños que sufren durante este proceso. Sustituirán las habituales neveras y las primeras pruebas las están realizando en trasplantes de riñón e hígado.

Por ahora el dispositivo se ha bautizado con el nombre provisional de TB-1 aunque la empresa le está buscando un nombre más comercial. La máquina utiliza la tecnología de estimulación activa para que el órgano se mantenga en la mejor calidad posible en el impás entre el cuerpo del donante y el del receptor.

Para el consejero delegado de Transplant Biomedicals, Ignacio Heras, las tradicionales neveras de picnic tenían sentido hasta la década de los noventa, cuando el donante joven, de unos 30 años, era el perfil más común. Era una época en que había muchos más accidentes de tráfico y los órganos llegaban en mejores condiciones en el cuerpo del receptor. Pero la sacudida a la pirámide de población ha provocado que tanto donantes como receptores sean cada vez más grandes y, por tanto, los órganos trasplantados sean de peor calidad. Estos órganos, si tienen más de 60 años, también se deterioran más rápidamente, lo que implica que el riesgo de rechazo sea mayor. De hecho, Heras quiere que esta tecnología permita aprovechar los órganos que actualmente se descartan porque no aguantarían las sacudidas y las largas distancias que a menudo conlleva un trasplante. “El tiempo de exposición [entre que el órgano sale del receptor y llega al donante] es muy alto.

La idea de renovar estos dispositivos ha llegado después de dos décadas de investigación de Carmen Peralta, doctora especializada en trasplantes. La obsesión de su carrera eran las lesiones por isquemia-reperfusión, un tipo de daño muy común que se produce durante el trasplante entre que el órgano sale del donante y llega al receptor. Sus años de investigación en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer, uno de los centros que dependen del Hospital Clínico, fueron el detonante para descubrir una tecnología que redujera el riesgo de este proceso. Entonces el equipo investigador participó en un programa para acelerar proyectos académicos, pero les faltaba una pata de negocio para hacer el salto del laboratorio a la empresa. Es por ello que contactaron con Heras, que ya venía de una primera aventura emprendedora en biotecnología.

En cualquier caso la actividad de Transplant Biomedicals empezó por los órganos que más habían investigado: las primeras pruebas se han centrado en los trasplantes con riñones e hígados. Aún así, la empresa ve que a largo plazo el proyecto podría utilizar el mismo sistema para transportar tejidos y materiales biológicos.

Mientras la empresa se encamina hacia el ensayo clínico con pacientes humanos desde la empresa aseguran que su dispositivo “está muy centrado en la usabilidad y no será sólo para los hospitales más exclusivos, sino que lo podrá adoptar cualquier centro sanitario”, afirma. Aunque admite que la implantación de su aparato no será inmediata, su uso podría empezar por aquellos casos más críticos, en que la preservación óptima del órgano fuera clave para el éxito de la operación. En palabras de Heras, Transplant Biomedicals quiere ser la tercera generación de soluciones para los trasplantes, a medio camino entre el coste simbólico de una neverita de picnic y la inversión que supone adquirir una máquina de perfusión. Con todo, la empresa todavía no quiere decir cuál será el precio de venta del dispositivo. El objetivo es que los ensayos clínicos comiencen a finales de año.

En la empresa trabajan una quincena de personas, desde ingenieros hasta biólogos y médicos, en el Parque Tecnológico de Barcelona Activa. Pero el TB-1 no se quiere quedar en Cataluña, Heras confía en que el proyecto sea escalable y recuerda: “Una de cada diez personas muere esperando un órgano, en lista de espera”. Poder voltear las estadísticas es ahora en sus manos.

Fuente: Ara Emprenem (Paula Solanas)

Quant a ALCER Barcelona
Asociación para la lucha contra las enfermedades del riñón

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